Bendecido el Cartel Anunciador de los Cultos de la Virgen del Aguila por Isidoro Villalba Corzo

Aprieta el calor en los termómetros y sube también el calor de la devoción la cuesta de Santa María. Se acercan los días grandes de la devoción a Nuestra Patrona y el primer signo –los jazmines hace semanas que aroman las tardes- ya está aquí. Nos anuncia estas fiestas de agosto de 2019 un magnífico cartel creado por los pinceles del alcalareño Isidoro Villalba Corzo, signo inequívoco de la llegada del mes agosteño en el que Alcalá sube a las plantas de la que es Nuestra Patrona. Un cartel lleno de símbolos que miran todos a la dulce imagen de la Virgen del Águila. El cielo es de atardecer, cuando el sol se otea en el horizonte, escondiéndose para que se inicie la Novena, o comience la procesión de la Virgen. Es entonces cuando el cielo se tiñe del tono amarilleno, alberizo, que vemos en el cartel. Este cielo es reflejo de otro símbolo. Es reflejo del color del albero, de la tierra de Alcalá que en la zona inferior acoge las leyendas del cartel: “Águila. Cultos de agosto 2019. Alcalá de Guadaíra” en una prodigiosa tipografía teñida de celeste para la Virgen, y de rojo granate sobre albero, remembranza de la enseña de nuestro país. La tierra del albero es sobre la que se posa el manto de la Virgen, y descansan las palomas. Porque estas aves no encuentran mejor descanso que el paso y el manto de nuestra Virgen. ¡Cuántas quisieran ser palomas del paso! ¡Cuántas sueñan, cualquier día del año, volando en torno a su monumento de La Plazuela, con ser la elegida de la noche de agosto! Las dos palomas, son la devoción de los alcalareños, que ponemos la confianza en la Virgen del Águila y nos posamos junto a su manto para descansar nuestros problemas. El amparo de sus alas infinitas nos hace volar tras las dificultades. Y volando con las palomas hasta lo más alto, la torre. Del alminar del rey moro al campanario cristiano de la devoción. Una torre vista en perspectiva forzada desde lo inferior, como la vemos los alcalareños cuando nos acercamos a las alturas de la Virgen del Águila. Y plantado en Alcalá, plantado en el albero, el nardo sube enhiesto en oración olorosa hasta el altar de la Reina y Señora del Águila. Y junto a él, el jazmin, en esa floración imposible en la que no hay hojas, sólo flores.En ese floracer en el que la naturaleza contraviene las leyes inmemoriales para hacerse netamente alcalareña. Jazmines que se derraman sobre el símbolo que mayor protagonismo cobra en el cartel: el manto celeste que cae entre reflejos y brillos, entrecelestes y amarillos. Brillos bordados por la devoción, entre el celeste reflejo del río, y los reflejos del cielo celeste y amplio que se ve en el Águila cuando subimos buscando el amparo de la Virgen. Está todo y no está Ella. Pero está todo y no está Ella, porque Ella lo es todo. Todo en un mismo cartel. Toda la devoción de nuestro pueblo que se ofrecee en ofrenda construida, bordada, reflejada o florida, ofrendas que suben por los dibujos del manto hasta el mismísimo corazón de la Virgen del Águila, que se refleja en su rostrillo. Ha dejado Isidoro plasmados en el cartel lo que considero que son dos de sus mayores fortalezas en la pintura: el colorido y la forma definida, y la cuidadísima tipografía. En tiempos de ordenador donde la informática escribe los textos perfectos pero sin vida, la artística tipografía de Isidoro hecha a mano y pincel es un magnífico ejemplo de los rótulos de la antigua cartelería tradicional, recuerdos de su tío Pepe Corzo, que Isidoro, como buen alumno, ha sabido llevar a límites impresionantes. Una tipografía exacta hasta tal punto, que cada letra, medida, cuidada, perfilada, es una auténtica obra de arte que cobra vida para darnos su mensaje. Y el color, el color de Alcalá, los alberos, los celestes, los blancos, en combinación perfecta y meticulosamente medida, para dar el brillo y la alegría que nos trae el mes de agosto. Colores que dibujan formas perfectamente delineadas, dibujadas, con el trazo exacto para cada una. Isidoro Villaba Corzo, consagrado artista alcalareño, persona de profundas conviciones religiosas, de educación y saber estar exquisitos, devoto de la Virgen desde la cuna, autor del cartel de la Coronación, creador, diseñador y decorador de la Magia que hace que los Reyes Magos vengan a nuestra Alcalá en la mejor Cabalgata del mundo… podría seguir enumerando sus muchos méritos, incluyendo el de la amistad, pero ninguna lista puede compensar el regalo que hoy nos hace Isidoro. Gracias, Isidoro, porque una vez más nos regalas tu obra. Gracias porque nos das mucho de ti en este cartel. Nos has dado en él lo mejor de ti. Tu cartel nos servirá para rezar, para llegar a la Virgen, para soñar con un quince de agosto, para subir la cuesta eterna, como sube todo en el cartel: suben las palomas, sube el manto, sube la torre y suben jazmines y nardos. Suben, suben, suben… hasta la que es Águila, Señora Nuestra, Santa María de Alcalá. 

Enrique Ruiz Portillo

A %d blogueros les gusta esto: